Tengo tantas cosas que decirte, tantas que ni siquiera tengo
tan claras, cosas que cuando te tengo de frente o a mi lado, no salen, no
brotan, se opacan con la energía que siento cuando estoy ahí contigo. Me quedo
muda, me quedo sin palabras, solo pienso y siento en el momento, en el aquí y
en el ahora. Es como comer un pecado, un capricho, un placer culposo en el que
siempre vuelvo a caer.
Leer tus letras obligadas hace que se me acelere el pulso,
todo lo demás pasa de largo, me pones mal, me llenas de dudas y fantasmas.
No te pido que me mientas, prefiero me des puras verdades,
de esas que aunque duelen, te limpian la conciencia y el panorama, de esas que
te hacen ver el camino y saber en donde estas parada. Ya me lo has explicado
montones de veces, pero parece que no me queda claro; te pido verdad, pero
disfruto de tus migajas, de tus mentiras piadosas, de que me tengas ahí, a la
orden de tus deseos. De tu deseo.
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